la luna no conocía la mar. yo me atreví y la llevé a descubrirla.
Viajamos al este..
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando la luna y yo alcanzamos por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante nuestros ojos. Y fue tanta la inmensidad del mar, y tanto su fulgor, que la luna quedó muda de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, me pidió:
-¡Ayúdame a mirar!
